Oquendo, la claridad del mediodía. La belleza, el compromiso, y el dolor

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Oquendo, por Omar Aramayo
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"Mi primer artículo sobre Oquendo es de 1966, hace 54 años exactamente, mi tesis de bachiller en literatura, [Indagando en el fetiche (Vida y obra de Carlos Oquendo de Amat)] en la UNSA, es de 1977. En aquella época, mis profesores no sabían ni lejanamente quién era Oquendo, jamás habían escuchado hablar de un libro llamado 5 metros de poesía".

Oquendo, la claridad del mediodía.
La belleza, el compromiso, y el dolor

 Por : Omar Aramayo

Tengo 19

 

“Tengo 19 años / y una mujer parecida a un canto”. Escribió en una de las primeras páginas de su único libro. En este micro poema define su personalidad, su situación, su expectativa: eso era todo que quería, tener 19 años y una mujer encantada por su canto. Así rompió el fuego eterno.

Su padre, Carlos Belisario Oquendo Alvarez, era un amante del cine; había asistido en París al nacimiento de un arte que entonces todavía estaba en ciernes, que el poeta años más tarde ha de traducir a la plástica y a la literatura, para crear uno de los primeros libros objeto, aunque el concepto no existía aun, a pesar de tener raíces en la antigua China y en el medioevo. A pesar de eso, la idea es completamente nueva, cubista, dadaísta. Creativa.

Doña Zoraida Amat, su madre, lo sabemos por el testimonio de Emilio Romero, se alcoholizó al trasladarse a Lima, ante la disolución de su hogar, porque su esposo, el médico, se fue trabajar a Tayacaja.

Estudió en el colegio Guadalupe, gracias a una beca, y luego en la Universidad de San Marcos, donde también dictó algunos cursos de gramática para los estudiantes de la pre.

Fue agente de José Carlos Mariátegui, que supo distinguirlo al publicar sus poemas en las páginas más importantes de la revista que dirigía, Amauta. Las hojas en cuché. Se dedicó en cuerpo y alma a la difusión del marxismo en Arequipa, en los difíciles años 30. En Lima hizo amistad con Martín Adán, quien le dedica un bello poema, y otros poetas de su generación, que le tenían gran cariño. Enrique Peña Barrenechea le dedica ese poema donde dice: Oquendo, Oquendo, tan delicado, que hasta el peso de una flor lo rendía.

Era atacado por una fulminante tuberculosis cuando fue exiliado. Sobre sus pulmones maltratados erró hasta llegar a la sierra de Guadarrama, Navacerrada, España, donde falleció el 6 de marzo de 1936, hace ochenta y dos años. Lo asistió, cuanto pudo, el doctor Raúl Porras Barrenechea, entonces el embajador.

Mi primer artículo sobre Oquendo es de 1966, hace 54 años exactamente, mi tesis de bachiller en literatura, en la UNSA, es de 1977. En aquella época, mis profesores no sabían ni lejanamente quién era Oquendo, jamás habían escuchado hablar de un libro llamado "5 metros de poesía". Los ejemplares de la tesis fueron robados de la biblioteca de Letras, también las fotos se perdieron. En realidad, el descubrimiento de Oquendo es tardío.

Alguna vez abordé a Vargas Llosa para preguntarle por más información de la que dio en La Literatura es Fuego, su discurso del premio Rómulo Gallegos, fue a espaldas del teatrín de La Negrita, de la Universidad San Agustín de Arequipa, me recomendó a un muchacho llamado Omar Aramayo, que lo buscara en Puno, le djie que ese muchacho era yo, nos reímos por un momento. Vi al autor de Conversación en la Catedral después de 34 años y recordaba la claridad del mediodía.

Omar Aramayo

Lima, 25 de abril de 2020

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