“Si para José María Arguedas el Chimbote de El zorro de arriba y el zorro de abajo fue el infierno, para Miguel Rodríguez Liñán es el paraíso: el paraíso perdido de la infancia, de los momentos felices idealizados en la escritura”. Así lo afirmaba Jorge Najar, y en esa claridad se sostiene buena parte de la obra de Rodríguez Liñán. Su palabra nace de una geografía interior donde la memoria es viaje y el poema, un regreso. 

“Si Oswaldo Chanove no es el poeta peruano vivo más importante, pega en el palo”, decía Mario Montalbetti. Desde El héroe y su relación con la heroína hasta Una doméstica impugnación del infinito, Oswaldo Chanove avanza como un protagonista que no busca el centro de la pantalla, pero lo ocupa igual: una silueta que la cámara insinúa, permitiendo que cada gesto diga más de lo que muestra. Su obra —siempre en movimiento, siempre en riesgo— se vuelve indispensable para comprender la poesía peruana de hoy y las luces y sombras de la vida en este planeta. 

"Elqui Burgos es un poeta en movimiento, y eso lo verificamos cuando leemos Res Mística, abanico de poemas en donde su amor por la vida no tiene límites" (H.P.G). Con el poema Agnus Dei hayli! hayli! escenificado durante la exposición de la "Crêche des Andes", la Municipalidad de París celebró el V Centenario del descubrimiento de América.

La poesía visual y la poesía sonora. Ambas convergen en su impulso experimental, aunque cada una construye su estética desde materiales distintos. Una trabaja con luz, líneas y disposición gráfica; la otra, con respiración y ritmo. Juntas delinean un mapa donde la palabra adquiere nuevas texturas.

Estrechamos en un inmenso, inacabable abrazo de aprecio y gratitud a don Carlos Meneses, quien nos ha dejado físicamente pero desde donde está siempre invita a seguir el tránsito de Oquendo de Amat, en la vida y en la escritura que boceteamos, tan insegura como nuestro primer hablar.

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