"Conmemorándose el centenario del nacimiento de Carlos Oquendo de Amat, poeta puneño y peruano universal, se le tributa homenaje en diversos foros académicos, poniéndose énfasis, principalmente, en el valor de su poesía, con sendos libros, artículos periodísticos y muestras como la que organizaran maestros y estudiantes de literatura de nuestra casa superior de estudios [Universidad Nacional de Educación Enrique Guzmán y Valle]. En esta sección incluimos una breve semblanza escrita por un directo descendiente suyo, Hernán Amat Olazábal, quien destaca la faceta política del poeta recordándolo como probado militante socialista y, al igual que Vallejo, ardoroso defensor de la República cuando la sangrienta guerra civil española, en medio de la cual habría de morir, solitario y olvidado". (Revista Cantuta N° 16 -2009).
Carlos Oquendo de Amat. Homenaje al poeta inmortal
Hernán Amat Olazábal
Revista Cantuta N° 16 - Universidad Nacional de Educación Enrique Guzmán y Valle UNE 2009

En uno de sus poemarios, Octavio Paz afirma: “A veces la poesía es el vértigo de los cuerpos y el vértigo de la dicha y el vértigo de la muerte”. En el libro breve titulado “5 metros de poemas” (1927), del insigne poeta puneño Carlos Oquendo de Amat (1905-1936), advertimos la formación y la evolución de esos dos primeros vértigos, el de los cuerpos y el de la dicha, lo que nos permite observar con claridad su poética en dos de sus aspectos más significativos: el amor y la ternura. Los dieciocho poemas que constituyen su único libro, y otros publicados de modo disperso, tienen coherencia admirable y nos hablan de la presencia como elemento indispensable de su creatividad.
Estar en el presente para él es ser de su tiempo, tanto en las formas como en el pensamiento del vanguardismo de la época y en su relación con lo que sucede a su alrededor. Oquendo de Amat, como poeta nato, sabía que el presente es el manantial de las presencias. Por ello sus poemas se han bañado en ese manantial y se han nutrido de él. Y entre las presencias que él hace brotar aparece una y otra vez, por ejemplo, la imagen del amor y la dulzura.
Dice José Luis Ayala, su mejor biógrafo, que el poema de Oquendo de Amat titulado “Madre”, “es uno de los poemas más tiernos escritos en idioma español... (y que) la ternura le gana al igual que la escritura”. Recordemos aquí sus versos sobrecogedores:
Un cielo muere en tus brazos y otro nace en tu ternura
A tu lado el cariño se abre como una flor cuando pienso
Porque ante ti callan las rosas y la canción"

Los “5 metros de poemas”, como se leen en la Biblioteca Nacional. Fotografía del Archivo de Carlos Milla Batres.(sic)
Al releer hoy “5 metros de poemas”, cuya primera edición apareció en 1927, sorprende la frescura de todos ellos; no tienen una arruga. Su relectura nos hace recordar la emoción con que los leímos, cuando éramos estudiantes de secundaria.
No parecen escritos hace más de 78 años, no tienen una sola arruga, dijimos, pues poseen la juventud sin edad de las obras que se acercan a la perfección. Un lenguaje nítido, nunca excesivo, a un tiempo reservado, y siempre tierno, sobrio y luminoso.
Son versos de andadura ligera, pero nunca se precipitan y nunca se retrasan, son versos que acarician a la mente y al corazón y que llegan a tiempo siempre. Las vivencias o latidos del tiempo, la flor, el rocío, el agua, simples y contadas con palabras transparentes, provocan en el lector una profunda emoción en la que se alía el ayer y lo más fresco, como oír un cuento de otra edad del mundo.
La poesía de Oquendo de Amat, escrita en español y felizmente traducida a varios idiomas, ha logrado sin duda la fluidez del agua corriente. Agua para beber y agua para contemplar en su fondo ondeante, no nuestros rostros, sino múltiples y abigarrados matices de la vida, del ensueño. Agua de la memoria.
En 1907, a la edad de 2 años, en Puno.

Acompañado de sus padres, Zoraida y Carlos, en Lima, a los 10 años de edad.
Caricaturizado con sus “5 metros de poemas”.

Carlos Oquendo de Amat,
Por ello, Mario Vargas Llosa, en Caracas el año 1967, al recibir el premio Rómulo Gallegos por su novela “La casa verde”, dio la primera voz sonora en el intento de rescatar del olvido y del silencio al gran poeta puneño, de quien se refirió en los siguientes términos:
“Hace aproximadamente treinta años, un joven que había leído con fervor los primeros escritos de Bretón, moría en las sierras de Castilla, en un hospital de caridad, enloquecido de furor. Dejaba en el mundo una camisa colorada y “Cinco metros de poemas” de una delicadeza visionaria singular. Tenía un nombre sonoro y cortesano de virrey, pero su vida había sido tenazmente oscura, tercamente infeliz…Y, sin embargo, este compatriota mío había sido hechicero consumado, un brujo de la palabra, un osado arquitecto de imágenes, un fulgurante explorador del sueño, un creador cabal y empecinado que tuvo la lucidez, la locura necesaria para asumir su vocación de escritor como hay que hacerlo: como diaria y furiosa inmolación”.
A diferencia de su poesía, que ha recibido numerosos y enjundiosos trabajos recientes, la dimensión política de Oquendo de Amat no ha sido aún seriamente estudiada. El joven discípulo de José Carlos Mariátegui, publicaba sus poemas en la célebre revista “Amauta”. Fue un lector pertinaz de André Bretón y de los surrealistas galos. En sus cortas estancias en Moho, el poeta –según nos refirió Lizandro Amat, primo suyo–, leía con avidez y durante muchas horas, los libros de literatura de la nutrida biblioteca de Rufino Alayza. En Lima sólo en una breve ocasión pudo disfrutar de un mezquino salario como profesor de lengua española en la sección “preparatoria” de San Marcos. Ese paso por la docencia fue tan brevísimo que nos recuerda a Vallejo, en su paso igualmente fugaz por el colegio Guadalupe.

Con Adalberto Varallanos, en el Parque de la Exposición, Lima, 1928.
Carátula de la edición artesanal de los Muerto su maestro José Carlos Mariátegui, Oquendo de Amat emprendió un activo proselitismo político recorriendo el sur andino: Arequipa, Puno, Huancané, Moho, Chucuito, Juli y La Paz (Bolivia).
Abrazó el socialismo con pasión y su militancia fue a carta cabal. A ella ofrendó su existencia penosa hasta el final de sus días. En diciembre de 1934, a los 19 años de edad, fue detenido y embarcado en Mollendo rumbo a Lima, para ser confinado en la lúgubre prisión de El Frontón.
En junio de 1935, una penosa enfermedad lo consumía; no obstante ello, fue nuevamente detenido por los guardianes del poder de turno y acusado como activista del Partido Comunista fue embarcado en el Callao y desterrado a Panamá. Sobre este episodio, nuestro coterráneo Emilio Romero nos contó alguna vez que él fue a despedir a Oquendo de Amat, en el puerto del Callao, y le regaló una chaqueta roja para que se cubriera del frío invernal.

En fotografía familiar, el poeta, cruzado de brazos. Poco después dejaría el Perú, para no volver jamás.
En setiembre de aquel año pasó a Costa Rica, luego a México, de donde se embarcó rumbo a Francia. Llegó a París con la salud muy quebrantada, y prácticamente fue “retirado” por el diplomático peruano García Calderón, por su filiación política. Al mes siguiente pasó a Madrid, ansioso de contribuir a la causa de la República en la guerra civil, conjuntamente con Vallejo, Juan Ríos y Juan Luis Velásquez.
En febrero de 1936 fue trasladado de Madrid a Navacerrada, confinado en un sanatorio para tuberculosos de la sierra de Guadarrama. Y allí falleció, oscuro y solitario, el 6 de marzo del mismo año. Partió a la eternidad siendo muy joven; no llegó a cumplir los 31 años de edad. Después de su triste y doloroso deceso, la figura de Carlos Oquendo de Amat devino en mito. Su tumba era casi inubicable, yacía en el fondo del olvido.
En torno al destino de sus restos mortales se lucubraron diversas versiones, que lindaban con la aventura novelesca e inusitada que tal fue su propia existencia. Esteban Pavletich recogió la referencia que circulaba por entonces, sobre que el cementerio donde se le dio sepultura al poeta había sido destruido por el fuego de la artillería fascista y los pobres huesos de Oquendo de Amat pulverizados y dispersados. Pero Carlos Meneses, quien tuvo el mérito de investigar sobre ello en el cementerio de Navacerrada, nos dijo: “allí está su tumba, la guerra civil española no se ensañó [con él]”.
Su exacta ubicación la debemos a Enrique Chenyek, quien precisa que el poeta fue enterrado en el cuartel 2, Nº 2, fila 7 de dicho cementerio. Mención especial merece José Luis Ayala, quien en su documentado libro “Carlos Oquendo de Amat, cien metros de biografía…” (1995), publicó una fotografía de la tumba de Oquendo de Amat, en el cementerio de Navacerrada (España), donde un familiar depositaba un ramo de flores, el 3 de febrero de 1973.
El epitafio de esa modesta sepultura reza: “Carlos Oquendo de Amat 1905 + 1936. Oquendo tan pálido y tan triste tan débil que hasta el peso de una flor te rendía”.
Fuente :
2. https://fr.scribd.com/document/1015955263/Amat-Carlos-Oquendo-de-Amat-Homenaje-al-Poeta-Inmortal
Titulo : Carlos Oquendo de Amat. Homenaje al poeta inmortal, Revista Cantuta Nº 16 pp 279-284 Universidad Nacional de Educación Enrique Guzmán y Valle UNE Lima, 2009